El posible acuerdo entre Glencore y Rio Tinto vuelve a poner al cobre en el centro de la escena minera mundial. La operación podría dar lugar a la mayor productora global del metal y tener impacto directo en los proyectos estratégicos que ambas compañías impulsan en la Argentina.
Las conversaciones confirmadas entre Glencore y Rio Tinto reactivaron una de las hipótesis más relevantes de la minería global: la creación de la mayor productora de cobre del mundo. La eventual fusión entre dos de los principales actores del sector podría redefinir el mapa de la oferta global del metal y, al mismo tiempo, modificar la lógica de inversión y financiamiento de los grandes proyectos mineros a largo plazo.
Según informó Ámbito Financiero, Rio Tinto reconoció en un comunicado oficial que la expectativa actual es que cualquier transacción se estructure a través de la adquisición de Glencore por parte de Rio Tinto, mediante un esquema de acuerdo sancionado por la Justicia. Se trata de negociaciones que ya habían tenido lugar en 2024, pero que en aquel momento no prosperaron.
El interés renovado por este tipo de acuerdos se da en un contexto en el que la demanda de cobre crece a un ritmo superior al de la oferta, impulsada por la electrificación, la transición energética y el avance de tecnologías asociadas a la inteligencia artificial. En ese escenario, el metal vuelve a ocupar un rol estratégico y las grandes compañías buscan ganar escala.
De acuerdo con datos del Servicio de Cobre de Benchmark, la producción combinada de cobre de Rio Tinto y Glencore superaría las 1,6 millones de toneladas en 2026. Esto posicionaría a la empresa resultante como la mayor productora de cobre del mundo en términos de producción anual atribuible. Además, el liderazgo no sería circunstancial, ya que varios de los activos de ambas compañías ingresan en fases de mayor producción, con volúmenes elevados proyectados para la próxima década.
Desde Benchmark señalaron que el renovado interés por el cobre está directamente vinculado al contexto de precios y demanda, y advirtieron que el desarrollo de nuevos proyectos greenfield resulta cada vez más complejo, costoso y lento. En ese marco, las grandes mineras tienden a buscar escala mediante adquisiciones, aunque este tipo de operaciones no resuelve el problema estructural de la oferta, ya que consolida producción existente sin generar nuevos volúmenes.
En cuanto a los activos, Glencore cuenta con una cartera de peso en cobre. Uno de sus proyectos más relevantes es Collahuasi, en Chile, donde posee el 44% de participación y cuya producción supera las 500.000 toneladas anuales de cobre fino. A esto se suma el complejo Katanga, en la República Democrática del Congo, con una producción cercana al millón de toneladas anuales, además de su participación en Antamina, en Perú, y en Antapaccay, que en 2024 produjo alrededor de 146.000 toneladas de cobre en concentrado.
Por el lado de Rio Tinto, el activo central es Oyu Tolgoi, en Mongolia, uno de los yacimientos de cobre y oro más grandes del mundo. La compañía proyecta que la mina supere las 500.000 toneladas métricas anuales de cobre hacia 2027 y alcance el millón de toneladas hacia 2030, considerando la expansión subterránea iniciada en 2023. Otro activo clave es Bingham Canyon, en Utah, Estados Unidos, con una producción anual de entre 100.000 y 160.000 toneladas de cobre.
En este escenario de consolidación global, la Argentina ocupa un lugar estratégico en la proyección futura de Glencore. La compañía impulsa proyectos de gran escala como El Pachón, en San Juan, y MARA, en Catamarca. Para estos desarrollos, presentó un Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) por unos u$s13.000 millones, que incluye inversiones para Agua Rica y la primera fase de El Pachón. A esto se suma el anuncio de reactivación de Alumbrera, con planes para retomar la producción durante el primer semestre de 2028.
Si la fusión entre Glencore y Rio Tinto avanza, estos activos podrían ganar respaldo financiero y acelerar sus tiempos de desarrollo. En un mercado cada vez más concentrado, el cobre se consolida como uno de los minerales más críticos de la economía mundial, y la Argentina podría jugar un rol relevante en la nueva configuración de la industria minera global.