La última Reunión Anual del Foro Económico Mundial, en Davos (Suiza) ha servido de escenario para un reclamo que suena con fuerza en los despachos de Madrid y Lisboa. Los máximos responsables de compañías como Iberdrola, Naturgy, Repsol o Moeve han dejado claro que el sur de Europa posee los ingredientes necesarios para dejar de ser un actor secundario y pasar a dirigir la economía verde del futuro.
Esta unión de fuerzas, articulada mediante un grupo de trabajo que integra a grandes nombres de la industria y la consultoría, busca que las autoridades entiendan que el momento de actuar es ahora. Y es que ya existen proyectos masivos esperando luz verde. Pero el sistema está atascado por una red de cables que no da más de sí y unas normas que a veces parecen ir en contra de la velocidad que exige el mercado mundial actual. Eso dificulta la transición energética.
El tapón de las redes en la transición energética
El primer gran obstáculo para la transición energética que han señalado los expertos en el Foro Económico Mundial es el estado de los tendidos eléctricos. Actualmente, muchas instalaciones de generación limpia y nuevas fábricas no pueden empezar a funcionar porque los puntos de conexión están saturados o son inexistentes. Es un contrasentido económico tener la capacidad de producir la electricidad más barata de Europa y no disponer de los enchufes necesarios para mover esa potencia hacia los centros donde se consume.
Agustín Delgado, Director Global de Innovación y Sostenibilidad de Iberdrola, tiene una visión muy clara sobre este proceso de electrificación y asegura que «es imparable» debido a la transformación de nuestras ciudades. Según su análisis, el interés de los usuarios «crecerá con fuerza» en ámbitos como la climatización de las viviendas o el transporte moderno. Por ello, el directivo recalca que «eso hará necesario contar con más redes eléctricas, más almacenamiento y más renovables» para que el país pueda responder a este reto sin sufrir cortes ni perder competitividad frente a otros mercados.
Desde Moeve, su CEO, Maarten Wetselaar, coincide en que se percibe «un fuerte impulso» en el ambiente, pero que la tarea pendiente es «acelerar» los procesos de construcción. Esta es su propuesta: «Desplegar soluciones de energía limpia, escalar la demanda y construir infraestructuras transfronterizas que permitan trasladar la abundante energía de Iberia allí donde Europa más la necesita. Eso es lo que convertirá el impulso actual en una verdadera ventaja competitiva y en una mayor seguridad energética para Europa».
La normativa para la transición energética
La estabilidad legal es el otro gran pilar que reclaman los inversores para comprometer sus fondos a largo plazo. Josu Jon Imaz, al frente de Repsol, ha hecho hincapié en que el ritmo de cambios actual se queda corto «y se necesitan medidas más concretas, coherentes y escalables» para no perder el tren del crecimiento. El directivo ha añadido: «El actual contexto geopolítico no hace sino aumentar la urgencia de acelerar la acción. De cara al futuro, es esencial ir más allá de un desarrollo regulatorio fragmentado y garantizar la coordinación y el equilibrio entre las políticas climáticas, de transporte e industriales».
Por su parte, Francisco Reynés, presidente ejecutivo de Naturgy, apuesta por «impulsar la innovación como punta de lanza del desarrollo futuro» para que la Península no sólo sea un lugar de paso. Reynés ha comentado: «Los factores clave para lograrlo son fomentar la ambición, no temer al fracaso, garantizar el acceso a una financiación competitiva, ofrecer incentivos fiscales y agilizar los procedimientos administrativos de autorización».
El objetivo final de estas peticiones es que España y Portugal lideren los sectores estratégicos mediante la formación de sus trabajadores y el uso intensivo de la tecnología. Se propone que el talento local se adapte a las nuevas necesidades de las plantas de hidrógeno o las fábricas de componentes electrónicos. Al coordinar la educación con las necesidades de las empresas, se garantiza que la productividad suba y que los beneficios de la transformación lleguen a toda la sociedad. Además, se refuerza la posición del mercado ibérico frente a competidores asiáticos o americanos.