Consultoras del sector energético advierten que el conflicto ya interrumpió cerca del 20% del suministro mundial de petróleo. Analistas proyectan precios de hasta US$150 en el corto plazo y no descartan picos de US$200 si la crisis se prolonga.
La guerra en Irán desató una de las mayores disrupciones en la historia del mercado petrolero global. El conflicto en Medio Oriente interrumpió cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, un nivel que supera ampliamente las crisis energéticas registradas en el último siglo.
El impacto se concentra en el Golfo Pérsico, donde la interrupción del transporte marítimo y los ataques a infraestructura energética dejaron fuera del mercado cerca de 15 millones de barriles diarios, según estimaciones de Rapidan Energy Group y Wood Mackenzie.
La magnitud del shock supera incluso al registrado durante la crisis de Suez entre 1956 y 1957, cuando el suministro global se vio afectado en alrededor de un 9%. En el escenario actual, la interrupción del flujo energético afecta además a países que históricamente actuaban como proveedores de capacidad excedente para estabilizar el mercado.
Uno de los factores centrales de la crisis es el cierre del Estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde circula una parte sustancial del petróleo y gas exportado desde el Golfo hacia Europa y Asia. La interrupción del tránsito por esa vía obligó a refinadores y compradores a buscar suministros alternativos en otras regiones del mundo.
Europa aparece entre las regiones más expuestas. Durante 2025, las refinerías del Golfo abastecieron el 60% del combustible de aviación del continente y cerca del 30% del diésel, volúmenes que quedaron interrumpidos tras el inicio del conflicto. Al mismo tiempo, compradores asiáticos comenzaron a competir por cargamentos provenientes de África occidental y América Latina.
La situación también refleja un cambio estructural en el funcionamiento del sistema petrolero mundial. A diferencia de crisis anteriores, los países que concentraban la mayor capacidad de producción de reserva también están afectados por el conflicto, lo que reduce la capacidad del mercado para compensar rápidamente la caída del suministro.
n ese contexto, varios análisis del sector proyectan escenarios de precios extremos. Según especialistas, si la interrupción del suministro se prolonga y el Estrecho de Ormuz permanece cerrado durante un período prolongado, precios cercanos a US$200 por barril “no están fuera del ámbito de lo posible en 2026”.
El mercado energético ya comenzó a reflejar la tensión. En los últimos días el Brent llegó a acercarse a los US$120 y volvió a bajar en torno a los US$90. Analistas de Bank of America advierten que aún existen riesgos de nuevas subas impulsadas por la evolución del conflicto.
El impacto también podría extenderse al mercado de combustibles y a la inflación global. La demanda mundial de petróleo ronda actualmente los 105 millones de barriles diarios, por lo que una interrupción prolongada del suministro obligaría a un ajuste del consumo a través de precios más altos, menor actividad económica y cambios en los patrones de transporte.
Consultoras del sector coinciden en que el conflicto en Medio Oriente entró en una fase de alta incertidumbre. En ese contexto, la firma Bernstein describió el escenario actual como una “verdadera crisis energética”, comparable únicamente con la destrucción de la industria petrolera de Kuwait durante la Guerra del Golfo en 1991.