Argentina comienza a definir la continuidad del mercado de almacenamiento después de AlmaSADI. La subasta nacional para incorporar baterías al sistema eléctrico recibió ofertas por aproximadamente 8300 MW, frente a un objetivo original de 700 MW, con una tolerancia del 10%.
Esto significa que, si no hay una decisión de ampliar de manera sustancial el volumen previsto, más de 7000 MW de proyectos podrían quedar desarrollados, presentados y fuera de la adjudicación inicial.
En ese contexto, el Servicio de Reserva de Confiabilidad Adicional aparece como el próximo mecanismo para dar salida a parte de ese pipeline y sostener nuevas inversiones en almacenamiento, generación térmica e híbridos.
El instrumento nace en el artículo 11 de la Resolución 400 de la Secretaría de Energía, que creó el Servicio de Reserva de Confiabilidad Adicional —SRC Adicional— aplicable a generación térmica, hidráulica, nuclear o unidades de almacenamiento con habilitación comercial a partir del 1° de enero de 2025.
A partir de esa base regulatoria, la Secretaría de Energía solicitó a CAMMESA la elaboración de alternativas de mecanismos de selección y condiciones generales para implementar convocatorias del SRC Adicional. En el trabajo técnico, ese procedimiento fue bautizado como SerCA.
“De momento estamos hablando de que se va a cumplir lo que dice el pliego”, señaló Gustavo Báez, responsable de equipo de CAMMESA, durante la charla “Oportunidades de almacenamiento en Argentina”, realizada en el marco de la diplomatura que organiza Regina Ranieri en UCEMA.
La frase ordena las expectativas del mercado: AlmaSADI no aparece, por ahora, como una licitación de adjudicación masiva, sino como una primera etapa para incorporar baterías, probar reglas y medir el apetito inversor.
La continuidad estaría en el SerCA.
“Estamos ultimando los detalles del procedimiento, que luego deberá ser aprobado por la Secretaría de Energía para su aplicación”, afirmó Báez.
El mecanismo ya había sido anticipado por Damián Sanfilippo, subsecretario de Energía Eléctrica, y que CAMMESA trabaja en el procedimiento a pedido de la Secretaría de Energía.
El SerCA como continuidad para más de 7000 MW fuera de AlmaSADI
El punto central para inversores y desarrolladores es que AlmaSADI permitió identificar una cartera de proyectos muy superior al volumen que se adjudicaría en esta primera etapa.
La licitación recibió 235 proyectos por unos 8300 MW de potencia. Si la adjudicación se mantiene en torno a los 700 MW previstos, incluso con la tolerancia del 10%, quedaría un volumen superior a 7000 MW sin contrato.
Ese universo no necesariamente quedaría descartado.
“Setecientos van a ganar, pero va a haber otra cantidad que no. Y esos van a tener posibilidades de entrar por acá, entrar por este llamado SerCA, entrar como híbrido o entrar de diversas maneras”, indicó Báez.
La definición es clave porque convierte a AlmaSADI en algo más que una subasta puntual. La convocatoria permitió medir el apetito real de empresas, desarrolladores, tecnólogos e inversores por el almacenamiento en Argentina.
También generó conocimiento sobre ubicaciones, tamaños de proyectos, restricciones de red, cartas de conexión, permisos, ingeniería y condiciones de competencia.
Para los proyectos que no resulten adjudicados, el SerCA podría abrir una segunda instancia de monetización.
Convocatorias trimestrales o semestrales para recomponer reservas
El Servicio de Reserva de Confiabilidad Adicional está pensado para incorporar potencia que ayude a recomponer reservas y fortalecer la confiabilidad de abastecimiento del Sistema Argentino de Interconexión.
La instrucción enviada a CAMMESA plantea que las convocatorias puedan tener periodicidad trimestral o semestral, con requerimientos de potencia definidos para el sistema.
En la charla, Báez explicó que una de las alternativas en análisis apunta a rondas semestrales, asociadas a los momentos de mayor exigencia del sistema eléctrico argentino: verano e invierno.
La lógica responde a los períodos en los que la demanda crece por temperaturas extremas y se vuelve más necesaria la potencia firme, la flexibilidad y la confiabilidad operativa.
“Probablemente haya una cuota para máquinas térmicas, una cuota para almacenamiento y también una cuota para híbridos”, anticipó Báez.
De esta manera, el esquema no estaría limitado a baterías stand-alone. También podría incluir generación térmica, proyectos híbridos renovables con baterías y otras configuraciones capaces de aportar respaldo al sistema.
Para el mercado, el SerCA podría funcionar como una suerte de “MATER del storage”, aunque con un objetivo diferente. El Mercado a Término de Energías Renovables permitió que los generadores renovables vendieran energía a grandes usuarios mediante contratos privados. El SerCA, en cambio, apuntaría a incorporar confiabilidad y potencia disponible.
El paralelismo fue planteado por el propio Báez.
“Así como RenovAr fue una antesala de lo que vino después, que fue el MATER, el almacenamiento está haciendo algo muy parecido”, sostuvo.
La lectura es clara: AlmaSADI sería la primera licitación estructurante para baterías, mientras que el SerCA podría abrir una dinámica recurrente de incorporación de proyectos.
Nodos libres y contratos con CAMMESA
Una de las diferencias más importantes frente a AlmaSADI sería la ubicación de los proyectos.
En AlmaSADI, los nodos están definidos previamente y tienen premios o penalizaciones según el aporte esperado al sistema. Esto significa que la localización incide directamente en el orden de mérito.
En el SerCA, la lógica podría ser más abierta.
“No va a haber una tabla de nodos, sino que se van a aceptar presentaciones donde a cada uno le parezca que se tiene que presentar, y van a ser analizadas y eventualmente aceptadas”, explicó Báez.
Esto podría ampliar el mapa de oportunidades para proyectos que no encajan en los nodos más competitivos de AlmaSADI, pero que pueden aportar confiabilidad, respaldo o soluciones específicas en otras zonas del sistema.
También se mencionó que los contratos serían con CAMMESA, la Compañía Administradora del Mercado Eléctrico Mayorista, que administra el mercado eléctrico argentino, coordina el despacho y liquida las transacciones del sistema.
Para los inversores, una contraparte como CAMMESA puede ser relevante para estructurar financiamiento, evaluar riesgo de cobro y dar mayor previsibilidad a los ingresos del proyecto.
Almacenamiento para minería, RIGI y grandes demandas
El nuevo esquema también podría vincularse con el crecimiento de la demanda extratendencial, es decir, nuevos consumos eléctricos que crecen por encima de la evolución normal del sistema.
Este punto es especialmente importante para minería, industria electrointensiva y proyectos asociados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones.
Estos grandes usuarios no solo requieren energía. También necesitan respaldo de potencia, confiabilidad y capacidad firme para operar en zonas donde la red puede tener limitaciones.
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“El almacenamiento puede aparecer como proveedor de potencia”, reconoció Báez.
Esto abre una oportunidad adicional para las baterías: participar como respaldo de grandes consumidores, complemento de generación renovable, solución ante restricciones de transporte o parte de proyectos híbridos.
AlmaSADI: 235 proyectos y una señal de apetito inversor
AlmaSADI recibió 235 proyectos por aproximadamente 8300 MW. El volumen equivale a 11 veces el objetivo original de la licitación. Para CAMMESA, esto confirma que existe interés real del mercado por invertir en almacenamiento en Argentina.
“Recibimos 235 proyectos y teníamos prevista una sala con 60 sillas. Eso habla de la voluntad de las empresas de participar, de hacer negocios, de meterse. Y eso es absolutamente indispensable”, sostuvo Báez.
Báez recordó que en otras convocatorias del sector eléctrico argentino también hubo más ofertas que potencia buscada, como RenovAr, RenMDI, TerCONF y el Mercado a Término de Energías Renovables.
La diferencia es que ahora ese fenómeno se traslada al almacenamiento.
Cómo se adjudica AlmaSADI
El proceso de AlmaSADI se divide en dos etapas. Primero se analiza el sobre técnico y legal. Allí se verifica si los proyectos cumplen con los requisitos de la convocatoria. Solo aquellos que superen ese filtro pasan a la apertura del sobre económico.
“El sobre B se va a abrir solamente para las ofertas que hayan pasado el chequeo de la parte técnica”, explicó Báez.
Las ofertas que no cumplan con las condiciones técnicas o legales quedan fuera sin apertura económica. Luego, las propuestas que superen el precio techo también son descartadas.
A partir de allí se arma un orden de mérito. La regla base es ordenar de menor a mayor precio, pero aplicando el valor de impacto nodal.
Impacto nodal: no gana solo el precio más bajo
AlmaSADI no adjudica únicamente por precio. También considera la ubicación del proyecto.
Los nodos violetas tienen una ventaja de 750 dólares por MW-mes en la comparación económica. Los nodos rojos no tienen ajuste. Los nodos amarillos reciben una penalización de 750 dólares por MW-mes.
Esto significa que dos proyectos con el mismo precio pueden quedar en posiciones distintas del ranking según dónde se conecten.
La señal busca orientar las baterías hacia las zonas donde aporten mayor valor al sistema eléctrico, ya sea por confiabilidad, restricciones de red o necesidades operativas.
Regiones, límites y competencia
La licitación también define límites regionales. Báez mencionó 130 MW en Córdoba, 70 MW en San Luis, 120 MW en Cuyo, 150 MW en el Noroeste Argentino y 200 MW en Chaco y Formosa.
La suma de esos límites supera los 700 MW buscados, por lo que no se trata de cupos garantizados, sino de techos máximos.
“Hay un incentivo a que haya competencia entre las regiones. No es que una región tiene asegurado un determinado valor; es un límite del cual no puede pasar”, explicó.
También existe una flexibilidad del 10%, porque los proyectos se presentan en módulos y puede ocurrir que la última oferta adjudicable supere levemente el cupo disponible.
Remuneración: potencia, frecuencia y eficiencia
El principal ingreso de AlmaSADI está en la remuneración por potencia.
El precio máximo es de 12.500 dólares por MW-mes. Cada oferente compite por debajo de ese valor. Ese techo fue definido a partir del antecedente de AlmaGBA, la licitación previa de almacenamiento para el área del Gran Buenos Aires.
En AlmaGBA, el precio máximo había sido de 15.000 dólares por MW-mes y la competencia llevó los valores adjudicados a niveles cercanos a 11.620 dólares por MW-mes.
“En la anterior verificamos que el precio más o menos anda por ahí. El precio que se puso acá fue un precio representativo de la licitación anterior y que compitan de ahí para abajo”, explicó Báez.
Además de la potencia, el contrato contempla remuneración por energía y regulación de frecuencia. La energía no aparece como el componente principal porque el arbitraje de precios todavía no tiene un peso decisivo en Argentina.
La regulación de frecuencia, en cambio, gana relevancia. En AlmaGBA podía prestarse fuera del contrato; en AlmaSADI ya forma parte del esquema contractual.
También se prevén penalidades por indisponibilidad, incumplimientos en regulación primaria de frecuencia y pérdidas del equipamiento. En la práctica, esto incentiva tecnología eficiente y disponibilidad real cuando el sistema la requiere.
Cuatro horas de descarga y hasta 180 ciclos anuales
AlmaSADI exige cuatro horas de descarga. Es decir, la batería debe poder entregar la potencia comprometida durante ese período.
La carga se plantea en torno a seis horas, aunque con flexibilidad. Según Báez, si el sistema tarda más en cargarse, no necesariamente representa un problema crítico.
El esquema contempla hasta 180 ciclos por año, porque la necesidad del sistema no se presenta de manera uniforme. Los meses más relevantes son los de verano e invierno, cuando aparecen los picos de demanda.
Por eso también existe un factor estacional: enero, febrero, marzo, junio, julio y diciembre tienen mayor peso en la remuneración que el resto del año.
Permisos, conexión y ambiente: los filtros reales
Más allá del precio, los proyectos deberán demostrar viabilidad.
Los oferentes deben avanzar con disponibilidad del inmueble, permisos de uso del suelo, inscripción como agentes del mercado, acceso a capacidad de transporte, cartas de conexión y certificaciones ambientales.
La conexión será uno de los puntos más sensibles. CAMMESA analiza nodos de 132 kV, pero muchas baterías se conectan en media tensión. Entre ambos puntos pueden existir redes de distribuidoras, cooperativas o transportistas locales con restricciones físicas.
Si el análisis de CAMMESA identifica capacidad en un nodo, pero la red intermedia permite evacuar menos potencia, debe respetarse el límite real.
También hay desafíos ambientales, porque el almacenamiento en baterías es una tecnología nueva para muchas jurisdicciones. Báez comparó ese proceso con lo ocurrido en RenovAr, donde las dificultades fueron resolviéndose con el tiempo.