El panorama energético mundial está viviendo una transformación sin precedentes donde las fuentes naturales ya superan a los combustibles tradicionales. Sin embargo, este avance plantea un reto logístico enorme: cómo conservar toda esa potencia cuando el clima no acompaña para evitar el desperdicio de recursos.
Una propuesta técnica como el aire líquido, que permaneció en el olvido durante décadas, ha resurgido como la solución definitiva. En el noroeste de Inglaterra, la planta de Carrington en Manchester se levanta actualmente una infraestructura que promete cambiar las reglas usando un elemento tan común y abundante como el aire que nos rodea.
Claves del almacenamiento de energía mediante aire líquido
Este sistema aprovecha los momentos de baja demanda para atrapar aire ambiental, limpiarlo y comprimirlo hasta que se vuelve fluido por el frío extremo. Ese estado permite retener grandes volúmenes de potencial eléctrico en depósitos gigantescos, listos para ser usados cuando los hogares y las industrias más lo necesiten.

Para recuperar la electricidad, el fluido se calienta y vuelve a expandirse, moviendo turbinas con gran fuerza. La energía que obtenemos de la red alimenta este proceso de carga, un ciclo que se vuelve mucho más eficaz si se reaprovecha el calor generado durante la fase de compresión inicial del gas.
Expertos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) indican que, aunque la técnica es sencilla, su optimización térmica es vital para que los proyectos sean rentables. Al reciclar el calor sobrante, la eficiencia del proceso sube considerablemente, permitiendo que la red eléctrica sea mucho más estable y dependa menos de las centrales térmicas que emiten gases contaminantes.
Futuro del almacenamiento de energía mediante aire líquido
La planta comercial que se construye en Carrington servirá como el primer gran escaparate para esta industria en auge. Con capacidad para abastecer a casi medio millón de viviendas durante picos de consumo, este centro busca demostrar que es posible gestionar una red moderna sin recurrir constantemente a la quema de gas.
El plan de explotación comenzará en 2026 con funciones de apoyo técnico a la red, evitando cortes y fluctuaciones peligrosas. Un año después, la instalación empezará a volcar electricidad directamente al mercado, aprovechando los momentos donde la generación eólica o solar sea insuficiente para cubrir lo que piden los usuarios.
Este despliegue es fundamental para que los países abandonen los recursos fósiles definitivamente. Al ofrecer una forma de guardar potencia a gran escala, el aire líquido soluciona el problema de la intermitencia, garantizando que siempre haya luz disponible aunque no sople el viento ni brille el Sol de forma constante.
Ventajas económicas frente a las baterías
Comparado con otras tecnologías, este método destaca por su bajo coste de mantenimiento y su larga durabilidad. Mientras que los sistemas químicos de litio pierden propiedades en apenas diez años, los tanques y la maquinaria de esta central pueden operar durante décadas con una degradación mínima de su capacidad.
El precio por unidad de potencia guardada es otro factor determinante, ya que el aire líquido resulta hasta tres veces más barato que las baterías de iones de litio. Esto lo convierte en una opción especialmente atractiva para países que necesitan infraestructuras pesadas sin disparar el gasto público o las facturas de los ciudadanos.
«Estamos reconstruyendo todas las redes a nivel mundial, basándonos en la nueva generación», aseguran los responsables del proyecto. El éxito de esta primera planta en Reino Unido abrirá la puerta a réplicas en todo el planeta, consolidando un sistema de suministro mucho más justo, eficiente y, sobre todo, totalmente respetuoso con el entorno.