Un estudio reciente de la New Economics Foundation revela que ignorar la crisis ambiental disparará la deuda pública española, superando en 81 puntos las estimaciones actuales para el año 2050.
- La deuda española podría descontrolarse si el Estado no prioriza la inversión en infraestructuras resilientes y energías limpias ya.
- Mitigar el calentamiento global es la única vía para evitar que la deuda española sea insostenible en las próximas décadas.
- Según un estudio, sólo el 19% de los jóvenes españoles distingue los bulos sobre cambio climático
El futuro de las cuentas del Estado Español depende directamente de la temperatura del planeta. Aunque las previsiones de la Comisión Europea suelen omitir los baches financieros que provocará el desajuste de las temperaturas, la realidad es que los daños en el transporte, la energía o el campo mermarán los ingresos fiscales y obligarán a desembolsos gigantescos en reconstrucción.
No actuar ya supone aceptar que el agujero financiero sea mucho mayor mañana. Según los datos analizados, si nos quedamos de brazos cruzados, el volumen de compromiso financiero respecto al PIB subirá con una fuerza que los modelos oficiales no están viendo, poniendo en riesgo la estabilidad de las generaciones venideras.
El coste de ignorar la deuda española
Si España mantiene su ritmo actual sin inyectar capital extra contra el desajuste térmico, el peso de la deuda española sobre la economía será un 81% superior a lo previsto a mediados de siglo. Esta cifra escalaría hasta un 276% extra en 2070. El problema radica en que los marcos actuales de la Unión Europea priorizan el recorte de gastos inmediatos, lo que impide dedicar recursos suficientes a protegernos de los desastres naturales.
Sebastian Mang, de la New Economics Foundation, explica que una economía sólida se construye con «energía renovable más limpia y barata, vehículos eléctricos, transporte público y bombas de calor, junto con la adaptación a fenómenos meteorológicos extremos». Según el experto, estas decisiones «protegen las finanzas públicas, fortalecen la base industrial europea y garantizan una buena calidad de vida».
Para evitar este escenario, el informe sugiere que los bonos comunes europeos podrían ser la clave. Compartir recursos facilitaría una transformación más veloz y equitativa. De no hacerlo, cada nación deberá afrontar facturas astronómicas de forma aislada, agravando las brechas económicas dentro del continente.
Estrategias para frenar la deuda española
Existen varios caminos, pero el de la espera es el más caro. Si España retrasa las inversiones hasta la década de 2030, la mitigación será mucho más gravosa. En cambio, apostar por un gasto temprano del 1% del PIB anual en acción climática y adaptación recortaría ese crecimiento de la deuda española casi a la mitad para el año 2070 comparado con no hacer nada.
Hans Stegeman, economista de Triodos Bank, advierte que «podemos excluir las consecuencias económicas del cambio climático de nuestros modelos, pero no de nuestro futuro». Para el especialista, las normas de sostenibilidad fiscal deben cambiar para que «reflejen la realidad ecológica y climática» y dejen de castigar los proyectos que realmente cuidan el dinero público a largo plazo.
La mejor opción, no obstante, requiere de un pacto mundial. Si el planeta logra frenar el calentamiento en 1,5 °C y España cumple con sus deberes de inversión, el impacto en las cuentas sería casi nulo en 2050. Incluso, para 2070, la situación financiera sería mejor que la que dibujan las previsiones actuales, gracias a una economía más eficiente.
Soluciones urgentes
El informe reclama que Bruselas y los gobiernos nacionales dejen de mirar hacia otro lado e incluyan el gasto climático real en sus cuentas. Una de las propuestas más firmes es dejar fuera de los límites de déficit los proyectos de descarbonización, tratándolos con la misma urgencia con la que se gestiona actualmente el presupuesto en defensa.
Se plantea además la creación de un fondo de resiliencia permanente. Este mecanismo se nutriría de financiación compartida en la Unión Europea para mejorar redes eléctricas y transporte público. Es una forma de asegurar que la transición no sea una carga insoportable, sino un salvavidas para la estabilidad de la deuda española.
En definitiva, la fiscalidad del futuro ya no se decide sólo en los despachos, también en la capacidad de respuesta ante inundaciones o sequías. Adaptar el sistema financiero a la ecología es la herramienta necesaria para que los números rojos no terminen por hundir el bienestar social.