Opinión. El cambio en la matriz energética argentina: el avance de las energías renovables con sus oportunidades y desafíos

La transformación de la matriz energética argentina ya no es una proyección de largo plazo: redefine las inversiones, planificación y desarrollo del sector eléctrico, obligando a analizar la transición con una mirada integral y compleja.

Argentina posee recursos naturales altamente competitivos: abundancia solar en el NOA y Cuyo, corredores eólicos de clase mundial en Patagonia y sur bonaerense, y la creciente disponibilidad de gas natural no convencional en Vaca Muerta. Esta diversidad impulsa la discusión sobre la complementariedad tecnológica, segmentación de demanda y desarrollo eficiente de infraestructura.

La energía solar y eólica ocuparon un rol decisivo mediante el Mercado a Término de Energía Eléctrica de Fuente Renovable (MATER), habilitando la contratación individual, autogeneración y participación de distribuidores. Las Resoluciones 370/2022 y 360/2023 profundizaron esta arquitectura al incorporar la comercialización para distribuidores, asignación de prioridad de despacho y reconocer las restricciones físicas de transporte del sistema.

Esta etapa dotó de previsibilidad a las inversiones, permitiendo que las renovables crezcan de manera ordenada a través de compras conjuntas y contratos de abastecimiento a largo plazo enfocados en la descarbonización.

Sin embargo, a medida que el sistema incorporó mayor generación renovable, se evidenció que no todas las tecnologías aportan el mismo valor operativo. La energía solar y eólica son limpias y competitivas, pero su capacidad de proveer potencia firme y disponibilidad continua es limitada frente a tecnologías despachables.

Su desafío actual no es tecnológico, sino de inserción comercial y operativa ante las restricciones de transporte y señales económicas en proceso de normalización. Si bien el régimen prevé la comercialización de excedentes en el mercado SPOT, los valores promedio de CAMMESA (USD 45-50/MWh para solar y USD 35-40/MWh para eólica) aún presentan limitaciones para viabilizar determinados proyectos nuevos bajo condiciones normales de financiación.

En este sendero, la expansión del gas natural no convencional de Vaca Muerta —tanto shale gas como gas asociado— modifica significativamente el mapa energético. Los desarrollos shale requieren continuidad en perforación e infraestructura eficiente de evacuación por su limitada capacidad de almacenamiento.

La planificación ya no busca solo producir más, sino fortalecer el transporte hacia nodos de consumo y mercados de exportación, donde la red troncal y la reversión del Gasoducto Norte reconfiguran la integración regional. El shale gas se consolidó como el recurso de mayor crecimiento, mientras el gas asociado obliga a repensar soluciones de exportación.

Frente a la mayor disponibilidad de gas, las tecnologías de generación rotante —como centrales de turbogás o ciclos térmicos eficientes— recuperan relevancia estratégica por aportar potencia firme, flexibilidad y estabilidad. Estas tecnologías permiten estructurar oferta en el Mercado a Término de energía y potencia. En paralelo, los sistemas de almacenamiento por baterías BESS surgen como complemento para aliviar nodos críticos de transporte mediante el arbitraje de carga y descarga que permite gestionar demanda.

Así se consolida una lógica de complementariedad: las renovables aportan competitividad y reducción de emisiones, mientras el gas no convencional contribuye con firmeza, respuesta y escalabilidad. Parques industriales, minería, centros logísticos y data centers son plataformas ideales para incorporar nueva generación renovable, acercando la oferta y la demanda con eficiencia territorial y mitigando restricciones de red mediante soluciones descentralizadas o híbridas. La competitividad renovable se vincula ahora a su capacidad de integrarse con demandas productivas y metas de sostenibilidad.

Asimismo, los mercados provinciales y la generación distribuida comunitaria virtual operan como herramientas complementarias para robustecer señales locales de inversión y acelerar proyectos de menor escala, profundizando una transición más federal.

La transición energética argentina no debe leerse como una sustitución tecnológica, sino como una integración progresiva de recursos complementarios. El desafío es desarrollar una visión integral que ensamble renovables, generación firme, infraestructura y almacenamiento bajo reglas claras y una planificación flexible.

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