Budapest, Hungría. -El 3 de diciembre de 2025, la Unión Europea alcanzó un acuerdo para eliminar progresivamente las importaciones de gas ruso, medida enmarcada en el plan REPowerEU. La prohibición para los contratos de largo plazo de GNL comenzará el 1° de enero de 2027 y para los de gas por gasoducto, a más tardar, el 1° de noviembre. Aunque el bloque redujo drásticamente el peso del gas ruso en sus importaciones desde 2021 -del 40% al 6% en 2025-, la transición no ha sido completa ni homogénea entre los Estados miembros.
Según un análisis de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), mientras el noroeste de Europa e Italia prácticamente eliminaron las importaciones de gas ruso por gasoducto, varios mercados de Europa Central y Oriental, principalmente Hungría y Eslovaquia, todavía reciben parte de su suministro desde Rusia. En paralelo, las importaciones de GNL ruso aumentaron más del 40% desde 2021, con Francia, Bélgica y España a la cabeza.
La AIE destaca la necesidad de diversificar proveedores y ampliar la infraestructura para garantizar un suministro accesible en Europa Central y Oriental. Sin embargo, los expertos consultados por EconoJournal advierten que estas medidas no resuelven por sí solas los obstáculos contractuales ni los costos de abandonar el gas ruso.
“No queremos ser los primeros en dar el paso”
Tras la llegada de Péter Magyar al Parlamento en abril de este año, el nuevo gobierno húngaro busca romper con 16 años de orientación prorrusa y afianzar su relación con Europa. Por este motivo, se propone poner fin a la importación de gas ruso. La pregunta es cómo lograrlo, teniendo en cuenta que hoy, en lo que respecta al gas natural, la mayor parte del suministro proviene de dicho país.
Actualmente Hungría cuenta con un contrato de suministro a largo plazo que se extiende hasta mediados de la década de 2030. “Esto representa aproximadamente la mitad de nuestro consumo total, y dos tercios de las importaciones -la parte mayoritaria- provienen de dicho contrato a largo plazo”, explicó a Econojournal András Deák, investigador del Instituto de Economía Mundial de la Academia Húngara de Ciencias.
Según Deák, los riesgos jurídicos relacionados con el contrato de suministro a largo plazo húngaro podrían ser un obstáculo para alcanzar los objetivos de la Unión Europea. Para el experto, un escenario ideal sería si Bulgaria “dijera adiós” al gasoducto TurkStream/Balkan Stream y dejara de llegar gas ruso por esa ruta.
“Hungría no tendría que decir que ha sido ella misma la que ha abandonado el contrato a largo plazo con Rusia, podría afirmar que Rusia ha quedado imposibilitada para realizar el suministro. No queremos ser los primeros en dar el paso, ya que el resto puede gestionarse. La cuestión clave es qué sucederá con el contrato de suministro a largo plazo”, afirmó.
Otro factor es el precio. “Si Hungría tiene que realizar la transición de forma apresurada, resultará más costosa. Si puede prepararse con normalidad, saldrá más barata”, explicó Deák. El conflicto en Medio Oriente añade presión: “El mercado internacional del gas se encuentra muy tensionado debido a la situación en torno al estrecho de Ormuz. Sin esta perturbación, el problema sería mucho menor. En un mercado más normal, los precios del gas natural podrían situarse en torno a los 20-30 €/MWh. Actualmente superan los 80 €/MWh”, afirmó durante la entrevista.
Los plazos europeos son otro punto de conflicto. El anterior gobierno de Viktor Orbán cuestionó judicialmente ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) la prohibición y sostuvo que una medida de ese tipo debía aprobarse por unanimidad. También alegó que corresponde a los Estados miembros elegir sus fuentes de energía y advirtió sobre posibles riesgos para la seguridad de suministro húngara.
Para Deák, el objetivo final podría cumplirse si se prepara la transición en lugar de dejarla para el último momento. “Por supuesto, esperar hasta 2028 o 2029 no es compatible con los requisitos actuales de la UE. Hungría sigue esperando algún tipo de aplazamiento debido a la situación en torno a Ormuz. Se están llevando a cabo preparativos para una salida, aunque con cautela, y todavía no existe una decisión política definitiva”, afirma.
Un negocio difícil de abandonar
Eslovaquia, por otro lado, se estaría posicionando como el nuevo aliado ruso en la región bajo el gobierno de Robert Fico, tras la salida de Orbán.
El 15 de octubre, funcionarios rusos anunciaron planes para reactivar un foro de cooperación entre Moscú y Bratislava, con el suministro de gas, petróleo y combustible nuclear entre los temas en agenda, según informó Político. El gobierno eslovaco también se había sumado a Hungría en la denuncia ante el TJUE por la prohibición a comprar GNL ruso a partir del año 2027.
Para Alexander Duleba, investigador en la Asociación Eslovaca de Política Exterior, el principal obstáculo para abandonar el gas ruso no es la infraestructura. Según sus estimaciones, Rusia cubre actualmente alrededor del 33% del suministro de gas del país. Tras la crisis de 2009, Eslovaquia desarrolló interconexiones y mecanismos alternativos de abastecimiento. Duleba señaló que en 2022 la participación rusa llegó a representar apenas el 8% del consumo anual.
“Desde la perspectiva de la seguridad del suministro de Eslovaquia, no hay problema. Es manejable”, sostuvo Duleba ante EconoJournal. El especialista explicó que el contrato de largo plazo que se extiende hasta 2034 con Gazprom ofrece condiciones particularmente favorables a la empresa estatal SPP, entre ellas el pago del transporte hasta la frontera eslovaca por parte del proveedor ruso, el precio barato y la posibilidad de comercializar volúmenes excedentes. “Mi argumento no es que sea bueno para Eslovaquia, sino que es bueno para SPP en términos comerciales”, distinguió.
El coqueteo estadounidense que preocupa a Europa
Estados Unidos se consolidó como uno de los principales proveedores de GNL de la Unión Europea. Según el reporte de la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), representó alrededor del 60% de las importaciones en el 2025. Ese peso vuelve especialmente relevante para Bruselas las decisiones de política energética de Washington.
El reciente acercamiento entre Donald Trump y Vladímir Putin en materia de combustibles reabrió el debate. Washington flexibilizó temporalmente restricciones sobre el diésel ruso para liberar grandes volúmenes al mercado, con el objetivo de aliviar los precios del combustible antes de las elecciones de medio término de noviembre.
Ante la crítica desde Bruselas, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, acusó a las naciones europeas de “hipocresía”, teniendo en cuenta que Rusia suministró a la UE energía por valor de 209.000 millones de dólares desde 2022, a pesar de las sanciones impuestas y más allá de los esfuerzos de cortar el vínculo, según confirmó la Comisión Europea.
En paralelo, Reuters informó sobre conversaciones entre representantes estadounidenses y rusos acerca de una eventual participación de inversores norteamericanos en los gasoductos Nord Stream, que conectaban a Rusia con Alemania.
Consultado por esta posibilidad, Duleba plantea un escenario hipotético de presión conjunta de Estados Unidos y Rusia, en donde Washington podría amenazar con bloquear el suministro de gas natural licuado a la UE a menos que los europeos comiencen a comprar gas ruso comercializado por la empresa estadounidense propietaria de Nord Stream.
Sin embargo, el experto no cree que esta iniciativa se concrete, “al igual que otros proyectos empresariales grandilocuentes de Trump”. La Casa Blanca negó que existieran conversaciones recientes específicas sobre Nord Stream, mientras la Unión Europea teme quedar condicionada por las prioridades geopolíticas de uno de sus principales proveedores.