- Europa se acerca al invierno con bajos niveles de almacenamiento de gas y un contexto marcado por las interrupciones de suministro y la competición por los suministros de GNL con Asia.
- Te mostramos las principales incertidumbres a las que nuestro continente se enfrentará este invierno en materia de suministro energético.
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A medida que se acerca el invierno, Europa continúa con elevados precios del gas, conflictos cada vez más intensos que afectan al suministro y niveles de almacenamiento de gas en su punto más bajo para esta época del año desde que comenzaron los registros en 2011. A todo ello se suma la intensa competencia por los cargamentos de gas natural licuado (GNL) con los compradores asiáticos y las dudas sobre cómo afectará al clima el fenómeno meteorológico conocido como «El Niño».
Las incertidumbres de Europa de cara al invierno
Ana María Jaller-Makarewicz, analista principal de energía del equipo europeo del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA), señala en un artículo que Europa se enfrenta a las siguientes incertidumbres de cara al próximo invierno:
- La posible prolongación de la interrupción del tránsito de GNL por el estrecho de Ormuz.
- Que los compradores asiáticos superen las ofertas europeas por el GNL estadounidense.
- El posible aumento de la volatilidad de los precios del gas.
- Que los niveles de almacenamiento sigan siendo críticamente bajos.
- La posibilidad de que el invierno sea excepcionalmente frío.
- Que se interrumpa el suministro de gas de Noruega o de otros productores importantes.
- La posible obstrucción de otras rutas marítimas críticas.
La investigadora apunta que basta con que se den algunos de estos escenarios para que los consumidores se enfrenten a facturas de luz y gas con precios más elevados. Y es que cuando los hogares y las empresas no pueden pagar, se produce una destrucción involuntaria de la demanda, algo que las políticas europeas de eficiencia y electrificación pretendían evitar.
Diferencias con la crisis de la invasión de Ucrania
Europa ya se enfrentó a incertidumbres similares tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022 en un momento en el que el continente tenía una alta dependencia de las importaciones de gas ruso. En respuesta, Europa redujo esta dependencia diversificando sus proveedores, limitando la demanda de gas y acelerando el despliegue de la generación con energías renovables.
No obstante, la crisis de 2026 tiene algunas características diferentes. Europa logró reducir su dependencia del gas ruso transportado por gasoductos, sustituyendo este suministro por una mayor dependencia del mercado global de GNL al contado y del suministro estadounidense. Con este cambio de rumbo, Europa ahora está expuesta a los cuellos de botella en el transporte marítimo mundial y a las guerras de ofertas internacionales.
Además, Europa debe prepararse para una inminente escasez de suministro en el momento en el que entre en vigor la prohibición total de la Unión Europea a las importaciones de GNL ruso el próximo 1 de enero de 2027. La normativa llega en un momento especialmente convulso, ya que Rusia suministró cerca del 19% de las importaciones de GNL a la Unión Europea en el primer semestre de 2026.
En este contexto, cabe destacar que la demanda de gas en la Unión Europea disminuyó un 17,7% entre 2021 y 2025, lo que ofrece mayor margen de seguridad, de vital importancia frente a la escasez de suministro. De forma simultánea, las energías renovables, los sistemas de almacenamiento de baterías y la mejora de las infraestructuras de redes eléctricas continúan contribuyendo a la reducción de la dependencia del gas.
Por último, la investigadora advierte de que será la producción de viento y las temperaturas las que marquen la escasez de gas en Europa este invierno y, sobre todo, hasta dónde serán capaces de subir los precios.