El capital chino tiene seis proyectos dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) que, en conjunto, representan entre US$ 5.000 y US$ 6.000 millones. El dato surge de un relevamiento de Alejandra Conconi, directora de la consultora China Desk, difundido este martes, que midió el peso real del gigante asiático en el régimen que otorga estabilidad fiscal y cambiaria a las grandes inversiones.
La proporción es la clave de la lectura. Esos seis proyectos equivalen a apenas 3% del monto total presentado al RIGI hasta ahora, pero explican 72% de las inversiones presentadas en litio y alrededor de 30% de las correspondientes a minería. Además, sobre un total de 47 proyectos formalizados en el sistema —25 aprobados por el Ministerio de Economía y 22 que siguen en evaluación técnica—, las seis iniciativas de origen chino representan 12,7% de todas las solicitudes presentadas en el país.
Qué significa en la práctica. El RIGI es el régimen que creó la Ley Bases en 2024 para proyectos de inversión muy grandes: a cambio de comprometer montos altos, las empresas acceden a una reducción del impuesto a las Ganancias, devolución anticipada del IVA, libre disponibilidad de divisas y estabilidad de las reglas por décadas. Medir cuánto de ese régimen quedó en manos de capitales de un solo país sirve para entender dónde está puesta la apuesta inversora y qué sectores dependen de ella.
Los seis proyectos y el triángulo del litio
Las seis iniciativas identificadas por el informe son Cauchari-Olaroz, Veladero, Tres Quebradas, Pozuelos-Pastos Grandes, Jama-Solaroz y Litio Ángeles. La presencia está especialmente concentrada en el denominado triángulo del litio, la región de salares que Argentina comparte con Chile y Bolivia: el impacto chino es particularmente fuerte en Jujuy y tiene también incidencia elevada en Catamarca y Salta.
“Los seis proyectos con capitales o participación mayoritaria china representan una porción acotada en cantidad, pero altamente concentrada en el sector minero”, resumió Conconi. La afirmación ordena el debate: el capital chino no domina el RIGI por volumen, pero sí define la fisonomóa del negocio del litio argentino, el mineral que el país produce en el NOA y que alimenta la industria global de baterías.
Para dimensionar el negocio conviene recordar cómo se produce. El litio de salar se extrae bombeando salmuera desde pozos y concentrando el mineral en piletones por evaporación solar, un proceso que puede demandar meses y que depende de la radiación, el viento y la altitud. Un proyecto típico necesita años de exploración, una decisión de inversión y otros tres o cuatro años de construcción antes de la primera tonelada comercial. Por eso los proyectos que hoy tienen capital chino empezaron a gestarse mucho antes del RIGI.
Vaca Muerta: sin proyectos chinos, con financiamiento chino
El punto que más interesa a la cuenca neuquina es una ausencia. Según el relevamiento, en Vaca Muerta no hay proyectos con inversión directa china dentro del RIGI: las grandes apuestas del shale oil y del gas no convencional están en manos de petroleras argentinas e internacionales de otro origen. Pero el vacío se compensa por otra vía, la del financiamiento y los insumos.
“Si bien en Vaca Muerta no hay inversión directa de proyectos con capitales chinos a través del RIGI, China se está consolidando como el principal financista indirecto y proveedor de tecnología e insumos clave de las empresas que sí ganaron el régimen”, sostuvo Conconi. El ejemplo más concreto es el financiamiento de infraestructura: en septiembre de 2026, el ICBC y el Bank of China participaron de un préstamo sindicado de US$ 900 millones destinado a obras vinculadas con gasoductos y proyectos de GNL para evacuar la producción de la cuenca.
El otro canal es el de los bienes. Según el informe de China Desk, China y Corea del Sur concentran casi 46% de las importaciones de bienes de capital, acero y maquinaria que realizan los vehículos del RIGI para proyectos energéticos y mineros. En términos simples: aunque no aparezcan como dueños de los proyectos, las empresas chinas proveen buena parte de los equipos y del acero con los que se construyen ductos, plantas y yacimientos.
Esa combinación —financiamiento más insumos, sin participación accionaria— tiene consecuencias prácticas. Por un lado, permite sostener el ritmo de obra en un país donde el crédito de largo plazo en dólares es escaso. Por el otro, deja al sector expuesto a decisiones que se toman fuera de la Argentina y que responden a la tensión geopolítica entre Washington y Pekín.
El caso BYD y el límite de la industrialización
La presencia china no se limita a la extracción de recursos: se extiende al comercio, la energía, los bienes de capital y el sector automotor. El caso que el empresariado chino-argentino señala como emblemático es BYD, que ya tiene presencia comercial en el país con unas 80 personas y mantiene interés en producir localmente, aunque —según una fuente empresaria citada por el informe— “espera que se den las condiciones” para invertir.
La comparación con Brasil es inevitable. Allí la automotriz adquirió la planta que Ford tenía en Camaçari, Bahía, y ya opera industrialmente: la inversión supera los R$ 5.500 millones (unos US$ 1.000 millones), emplea a alrededor de 9.000 personas con planes de llegar a 10.000 y avanza para superar 50% de componentes nacionales desde 2027. La diferencia entre un caso y otro no es de mercado: es de escala y de condiciones macroeconómicas.
El propio informe reconoce ese límite. El principal obstáculo para desarrollar localmente determinadas etapas de la cadena del litio es la escala: el mercado regional no alcanzaría para competir con las grandes plantas asiáticas. El ejemplo que se cita es la fabricación de LEDs, que se intentó en la Argentina, pero una planta destinada solamente a América Latina no tendría el volumen necesario para competir globalmente.
La discusión, entonces, no pasa solamente por atraer capitales chinos, sino por determinar qué parte de esas inversiones puede generar proveedores locales, tecnología, empleo y mayor valor agregado. Es el mismo debate que atraviesa al sector energético en la Patagonia, donde la expansión del shale convive con el reclamo de las pymes por más participación en las compras de las operadoras.
El tablero geopolítico
El informe aparece en un momento incómodo para la diplomacia argentina. En la tensión entre Estados Unidos y China, el Gobierno argentino se alineó con Washington, y una misión oficial a Shanghái quedó postergada. Sin embargo, Xi Jinping aguarda una visita del presidente Javier Milei y el sector privado espera que se habiliten nuevas exportaciones.
“Hay muchos RIGIs” para empresas chinas, resumió una fuente empresaria al diario El Cronista para explicar el aporte del gigante asiático a pesar de la falta de diálogo a nivel de Gobierno. La frase condensa la paradoja: el capital sigue llegando por la puerta del régimen de inversiones mientras la relación política se mantiene fría.
Para las provincias del litio el dato es directo: 72% de la inversión que se presentó al RIGI en ese mineral tiene capital chino. Para la Patagonia petrolera, la conclusión es distinta y complementaria: ningún proyecto del shale depende hoy de una decisión societaria china, pero una parte del financiamiento de sus ductos y de los equipos que se instalan en el yacimiento sí pasa por bancos y proveedores de ese origen. En una industria que se prepara para exportar a escala, ese detalle deja de ser menor.