La proyección del FMI que reconfigura el tablero de Vaca Muerta y tensiona la estrategia de dólares del Gobierno

El escenario internacional volvió a encender luces de alerta para la industria energética argentina. En su último World Economic Outlook, el Fondo Monetario Internacional proyectó una caída interanual del 8,5% en el precio del petróleo para 2026, profundizando una tendencia bajista que ya se manifestó en 2025. El dato agrega presión sobre los planes de expansión de Vaca Muerta y, en paralelo, complica la hoja de ruta fiscal y cambiaria del Gobierno, que apuesta a la energía como principal generadora de dólares genuinos.

Según el organismo, la corrección responde a una combinación de demanda global debilitada, con China creciendo por debajo de sus promedios históricos, y una oferta robusta proveniente de productores no alineados con la OPEP+, en especial Estados Unidos y Brasil. En ese marco, el barril arrastra además una baja acumulada del 14,2% durante 2025, desde los USD 79 a un rango cercano a los USD 60.

Para Vaca Muerta, el precio es una variable crítica. Aunque la cuenca neuquina logró mejoras sostenidas en productividad y eficiencia, distintas estimaciones privadas indican que los costos de desarrollo aún se ubican entre 30% y 40% por encima del Permian estadounidense. Esa brecha reduce el margen de maniobra ante un escenario de precios más bajos y vuelve más exigente la ecuación financiera de los nuevos proyectos.

En el mercado señalan que buena parte de las inversiones en curso —muchas de ellas apalancadas en dólares— requieren un precio del crudo sostenido por encima de los USD 60 para cumplir con los flujos de repago y las tasas internas de retorno previstas. Con un barril proyectado a la baja, el foco vuelve a estar en logística, financiamiento y alivio fiscal, ejes que explican la centralidad del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) en la estrategia oficial.

Exportaciones, volumen y efecto precio

El desafío es particularmente relevante para los proyectos orientados a la exportación. El caso emblemático es Vaca Muerta Sur, el sistema de evacuación que conecta la cuenca con la costa atlántica de Río Negro y que demandará inversiones por más de USD 2.500 millones. Diseñado para transportar hasta 390.000 barriles diarios en su primera etapa, el proyecto apuesta a volumen para compensar precios.

Sin embargo, el informe del FMI introduce una advertencia clave: el “efecto precio” puede neutralizar parte del “efecto cantidad”. En términos macroeconómicos, aun con mayores exportaciones físicas, cada barril vendido podría aportar menos dólares netos a la balanza comercial y a las reservas del Banco Central, en un año donde el Gobierno necesita consolidar el superávit energético.

El gas y el frente GNL

El panorama tampoco es lineal en el segmento gasífero. Si bien el inicio de 2026 mostró cierta firmeza en los precios por factores estacionales y geopolíticos, el FMI anticipa el ingreso de una nueva ola de capacidad de licuefacción de GNL a nivel global a partir del año próximo. Ese salto de oferta estructural podría derivar, según el organismo, en una corrección de precios cercana al 20%.

Para la Argentina, que busca posicionarse como exportador relevante de gas natural licuado desde Vaca Muerta, el mensaje es claro: la ventana de oportunidad existe, pero será en un mercado más competitivo y con precios menos favorables que los observados tras la crisis energética global.

La caja de dólares y el rol de Caputo

En este contexto, el desafío se traslada de lleno a la política económica. El ministro Luis Caputo apuesta a que el superávit energético siga siendo uno de los pilares de acumulación de reservas. Pero con precios internacionales en baja, la estrategia dependerá cada vez más de ganar escala, reducir costos y acelerar infraestructura, sin perder de vista la sostenibilidad financiera de las inversiones privadas.

La señal del FMI no implica un freno automático para Vaca Muerta, pero sí obliga a recalibrar expectativas. El desarrollo continúa, aunque en un escenario donde la rentabilidad será más ajustada y la macroeconomía argentina quedará aún más expuesta a los vaivenes del mercado global de energía.

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