Alianza estratégica: EE. UU. y Japón formalizan acuerdo para producir tierras raras, litio y cobre

Washington y Tokio blindan su cadena de suministros con proyectos mineros y de refinación en Indiana y Carolina del Norte para reducir la dependencia crítica de China.

El próximo 19 de marzo, los gobiernos de Estados Unidos y Japón marcarán un hito en la carrera global por los recursos estratégicos. Durante su cumbre bilateral, ambos países prevén formalizar un acuerdo de colaboración industrial que trasciende la diplomacia para aterrizar en proyectos mineros y de refinación concretos. Según adelantó Nikkei, empresas de la talla de Mitsubishi Materials y Mitsui & Co ya tienen un pie en la operación: participarán en una planta de refinación de tierras raras en Indiana y en el desarrollo de una mina de litio en Carolina del Norte.

Esta hoja de ruta no es fortuita. Se apoya en el marco bilateral publicado por la Casa Blanca el 27 de octubre de 2025, el cual diseñó una arquitectura de seguridad minera que incluye apoyo financiero público-privado, aceleración de permisos, mapeo geológico conjunto y sistemas de almacenamiento complementario. Lo que antes era un esquema teórico, hoy se transforma en el despliegue de infraestructura crítica en suelo estadounidense.

El fin de la dependencia abstracta

La urgencia de esta alianza responde a un cuello de botella real en la economía industrial. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE) de 2025, la demanda de litio creció casi un 30% en 2024, mientras que las tierras raras subieron entre un 6% y 8%. Por su parte, la expansión de las redes eléctricas —liderada por China— ha disparado el consumo de cobre.

Para Washington, el riesgo es estadístico: el Servicio Geológico de EE. UU. reportó que en 2024 la dependencia neta de importaciones de tierras raras fue del 80%, y que el 70% de esos suministros entre 2020 y 2023 provinieron de China. Aunque Japón ha logrado reducir su dependencia del gigante asiático del 90% al 60%, todavía está atado a Beijing para la obtención de tierras raras pesadas, insumo vital para los imanes de vehículos eléctricos e híbridos.

Refinación: El verdadero campo de batalla

El acuerdo subraya una verdad incómoda para Occidente: poseer el mineral no es suficiente si no se controla el procesamiento. Por ello, el nodo en Indiana es clave, ya que la separación y purificación de metales sigue siendo el mayor escollo fuera de las fronteras chinas. En la misma línea, Reuters informó el pasado 4 de marzo que ambos países evalúan sumar una instalación de fundición y refinación de cobre, donde la firma Falcon Copper explora la participación de proveedores y compradores japoneses.

La coyuntura geopolítica terminó por acelerar estos tiempos. En enero, China prohibió la exportación de bienes de doble uso (militar y civil) a Japón, elevando las alarmas sobre posibles restricciones totales. El impacto ya es tangible: la tecnológica TDK reconoció en febrero que las restricciones chinas complicaban su abasto y calificó la etapa actual como «extremadamente difícil», sobreviviendo gracias a inventarios acumulados.

Un nuevo orden en los minerales críticos

La jugada entre Washington y Tokio es parte de una ofensiva mayor. Recientemente, Lynas USA firmó una carta de intención con el gobierno estadounidense para el suministro de óxidos de tierras raras, mientras se abren conversaciones similares con Chile.

El mensaje de fondo para el mercado es que la seguridad económica ya no se puede separar de la actividad minera y metalúrgica. El marco bilateral busca establecer una «competencia justa» y herramientas para movilizar capital que protejan los activos por razones de seguridad nacional.

A la espera de conocerse los montos finales de inversión tras la cumbre del 19 de marzo, el eje Washington-Tokio deja claro que la transición energética y la tecnología de defensa no son posibles sin cadenas de suministro robustas, trazables y, sobre todo, independientes de rivales geopolíticos.

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