
En un escenario donde el debate sobre el rol de las empresas públicas suele estar marcado por cuestionamientos sobre su eficiencia, Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD) construye un caso poco habitual dentro de la minería argentina. La compañía estatal de Catamarca no solo mantiene una operación rentable de oro y plata, sino que además genera superávit, distribuye utilidades, sostiene más de 600 empleos directos y desarrolla un programa permanente de exploración que busca asegurar la continuidad de su producción durante los próximos años.
El presente de la empresa contrasta con buena parte de su historia reciente. Tras varios años de resultados económicos negativos, la operación de Farallón Negro logró revertir esa situación y consolidar un esquema financieramente equilibrado. Actualmente produce más de 60 kilogramos mensuales de oro y plata equivalentes, mientras que las campañas exploratorias desarrolladas en el distrito permitieron extender la vida útil de la mina por al menos trece años, al tiempo que continúan los trabajos para incorporar nuevas reservas minerales.
Uno de los cambios más relevantes ocurrió durante los últimos meses con la redefinición de su estructura institucional. A partir del Decreto 2/2026, el Estado nacional formalizó su salida definitiva de YMAD, transfiriendo la totalidad de la participación accionaria a la Provincia de Catamarca y a la Universidad Nacional de Tucumán. El nuevo esquema dejó a Catamarca con el 60% del capital y a la universidad con el 40%, consolidando un modelo de gestión íntegramente administrado por instituciones provinciales y académicas. Paralelamente, la empresa aprobó un nuevo estatuto que fortalece la gobernanza, define con mayor claridad las responsabilidades del directorio y aporta mayor previsibilidad para la toma de decisiones estratégicas.
La estrategia de crecimiento no se limita únicamente a la producción actual. YMAD mantiene activos diversos programas de exploración en áreas como Los Viscos, Agua Tapada, Rincón Grande, Macho Muerto, Las Pampitas y El Espanto, con el objetivo de ampliar los recursos minerales del distrito Agua de Dionisio y sostener la actividad minera en el largo plazo. A ello se suma la producción anual de aproximadamente ocho toneladas de rodocrosita, uno de los minerales emblemáticos de Catamarca.
Otro de los pilares sobre los que la empresa construye su modelo es el desarrollo local. Más del 93% de sus trabajadores son catamarqueños y ocho de cada diez pertenecen al área de influencia directa de la mina. Además, la compañía prioriza la contratación de proveedores provinciales y promueve la incorporación de profesionales locales en puestos de conducción técnica, una política que busca que el conocimiento generado por la actividad permanezca en la provincia y fortalezca sus capacidades productivas.
La consolidación económica también permitió retomar la distribución de utilidades entre sus accionistas y realizar aportes destinados a infraestructura, hospitales, viviendas, rutas y proyectos de desarrollo regional. De esta manera, la actividad minera no solo financia nuevas inversiones dentro de la propia empresa, sino que también contribuye directamente al crecimiento de Catamarca.
Más allá de sus resultados productivos, YMAD representa un caso singular dentro de la minería argentina. En un sector donde predominan las inversiones privadas, la empresa demuestra que una gestión profesional, reglas institucionales claras y una estrategia enfocada en la exploración y el desarrollo territorial pueden transformar a una minera estatal en una compañía rentable, competitiva y con impacto directo sobre la economía provincial.