Esta vez es diferente: el desplome del petróleo no expulsará a EEUU del mercado de crudo

Las dos últimas veces que se hundió el precio del petróleo por debajo de los 50 dólares, la industria de EEUU sufrió una drástica corrección. El ahora mayor productor de petróleo del mundo sufre algunas desventajas competitivas importantes con otros grandes productores de crudo del mundo que desembocan en un petróleo más caro que el extraído en buena parte de Oriente Medio o Rusia. Por ello, cuando los precios del crudo se hunden, muchos productores de EEUU sufren importantes pérdidas y se ven forzados a paralizar sus operaciones menos rentables o incluso terminan quebrando, lo que reduce la producción de petróleo agregado del país. Si la OPEP y Rusia terminan deshaciendo sus recortes, como está previsto, y la oferta mantiene su fortaleza en el resto del mundo, podrían venir tiempos turbulentos para el precio del petróleo (más caídas de precios, Capital Economics habla de un desplome del West Texas del 17,5% hasta 2026). Altos cargos del Gobierno de EEUU han hablado incluso de un momento similar al de 2014-2015, cuando Arabia Saudí inundó el mercado de crudo para expulsar a los productores de EEUU. Aunque se repita la historia, esta vez el resultado podría ser diferente.

A primera vista, los productores más perjudicados por una caída intensa del petróleo son los de EEUU. ¿Por qué predomina esta hipótesis o teoría en los mercados de materias primas? Por un lado, la mayor parte del crudo extraído en EEUU se obtiene mediante la técnica del fracking (fracturación hidráulica), que suele ser más costosa y cara. Por otro lado, los costes laborales en EEUU son mucho más elevados en relación con el resto de grandes países productores. Sin embargo, las mejoras tecnológicas y de productividad han reducido los costes sobremanera en la producción de crudo de la primera potencia mundial, lo que abre la puerta para que la industria de EEUU pueda aguantar durante el próximo desplome del petróleo.

Según los expertos de Capital Economics esta vez «la bajada de precios representaría un obstáculo, más que una crisis, para la producción estadounidense». Esto marcaría una diferencia importante con lo sucedido hace 10 años, cuando Arabia Saudí inundó el mercado de crudo y expulsó del mercado más de un millón de barriles de EEUU cada día. El secretario de Energía, Chris Wright, estableció paralelismos con el desplome del precio del petróleo de 2014/15 la semana pasada, pero también señaló que desde entonces, la actividad de perforación también se ha vuelto menos sensible a las fluctuaciones de precios, ya que las mejoras en la eficiencia han reducido los precios de equilibrio. Esto quiere decir que ahora EEUU puede aguantar unos precios del petróleo más bajos sin recortar su producción.

Con las condiciones actuales, quizá los productores de EEUU no verían siquiera ni una caída en la producción de crudo. Es cierto que sus planes de inversión para aumentar el bombeo y la capacidad potencial ‘saltarían por los aires’, pero manteniendo y exprimiendo los pozos más rentables, la producción podría mantenerse lineal. De hecho, la encuesta energética de la Reserva Federal de Dallas sugiere que los productores estadounidenses necesitan un WTI superior a 60-70 dólares por barril para continuar perforando nuevos pozos, pero para mantener su producción el rango de precios es mucho más bajo. La misma encuesta sugiere que es suficiente con un precio del barril superior a 35-45 dólares por barril para cubrir los gastos operativos. El precio del West Texas ha caído ya más de un 10% desde máximos anuales, pero las previsiones de oferta y demanda de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé un 2025 y 2026 un tanto convulso.

Dicho esto, el pronóstico de Capital Economics es que el West Texas Intermediate (WTI) caiga a los 56 dólares por barriles durante el 2026, un descenso notable desde los 68-69 dólares en los que cotiza el crudo ahora. «Este escenario es consistente con un estancamiento de la producción en lugar de una caída sustancial en EEUU», aseguran estos expertos. Dicho esto, la bajada de los precios sería un obstáculo más que una crisis para la producción estadounidense.

El punto de equilibrio

En cualquier caso, afectadas por lo ocurrido en 2015, los gigantes del sector han creado una estructura por la que es rentable explotar sus yacimientos incluso con precios baratos. Prueba de ello es la última presentación de resultados de ExxonMobil donde la empresa presentó unas proyecciones con el precio del barril en los 65 dólares. Según la empresa incluso en ese escenario obtendrían un excedente de liquidez de 165.000 millones de dólares para 2030 y ya han anunciado que dedicarán todo ese dinero en recompras de acciones y subidas en los dividendos.

Pero, ¿cómo se consigue que las empresas mantengan la rentabilidad pese a unos precios bajos? La respuesta la dio Chris Wright, secretario de energía de EEUU. «No es solo perforar y perforar (como dice su lema) para lograr eso primero hay que construir«. En ese sentido en una entrevista en el foro energético de S&P Global comentaba que hasta ahora los permisos de infraestructura (como oleoductos) se habían encarecido por razones burocráticas y ligadas al crédito». En ese sentido, Wright sentenciaba que su administración buscará rebajar los precios de construcción para «que se reduzca el coste de decisión de perforar».

La realidad es que durante los últimos años EEUU se ha concretado especialmente en mejorar ese punto de equilibrio de los precios del petróleo para llegar preparado a una era de precios bajos. Según el Banco Mundial la media mundial está en 55,5 dólares por barril para que un pozo sea rentable (esto con precios medios, pues depende de cada pozo). Las petroleras estadounidenses se han centrado en proyectos con un punto de equilibrio de 30 dólares por barril.

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La línea naranja indica el precio al que el barril cubre los costes de operaciones en cada yacimiento.

Ese es el sentido de las grandes operaciones que se extendieron durante todo 2023 y 2024 como la compra de Pioneer por parte de Exxon. Los principales campos petrolíferos en la Cuenca Pérmica de Pioneer, según comunicó la firma compradora, tenían un coste de suministro inferior a los 35 dólares por barril. Según la Reserva Federal de Dallas el punto de equilibrio a nivel nacional se ha rebajado y ya están en un rango a nivel nacional de entre 31 dólares y 45 dólares.

Estas cifras son incluso más salvajes teniendo en cuenta la actividad de las grandes empresas pues, gracias a a su enorme infraestructura son capaces de reducir aún más sus gastos. Según la Reserva Federal de Dallas «Las grandes empresas (con una producción de crudo de 10.000 barriles diarios o más al cuarto trimestre de 2023) requieren precios de 26 dólares por barril para cubrir los gastos operativos de los pozos existentes».

Desde Deloitte explican que «la industria petrolera de EEUU ha priorizado inversiones de alta rentabilidad lo que les ha permitido lograr una gran eficiencia y un sólido rendimiento financiero». El resultado es que las empresas están ganando más que en años en los que los precios del barril superaron los 100 dólares. «Están logrando sus mejores beneficios en 24 años tras aumentar en un 2024 los mismos un 16%».

«Están consiguiendo producir más y expandir su producción manteniendo los aumentos de costes de estas operaciones incluso por debajo de la inflación general vigente»

Desde S&P Global, además señalan que las grandes fusiones que se han ido produciendo (Destaca la compra de Pioneer por parte de Exxon o Hess por Chevron) han provocado que se produzcan sinergias clave que están mejorando incluso más su eficiencia. «Se han creado empresas más grandes con balances más sólidos y acceso más ventajoso a las materias primas». Por su parte «su gran acceso de la Cuenca Pérmica les permite una competitividad inédita frente al resto del mundo, algo que puede ser incluso mayor con Trump gracias a unas menores regulaciones y unos costes medioambientales menos estrictos».

Pero, volviendo a las fusiones «las empresas siguen obteniendo ventajas en costes con crecimiento inorgánico». Solo la compra de Pioneer fueron 60.000 millones de dólares y la de Hess 53.000 millones. En resumen, «están consiguiendo producir más y expandir su producción manteniendo los aumentos de costes de estas operaciones incluso por debajo de la inflación general vigente». Estas empresas más grandes «tienen una mayor capacidad de financiación», es decir, los costes por iniciar un nuevo pozo o expandir infraestructura están resistiendo gracias a su tamaño frente a la posibilidad de un atomizado firmamento de pequeñas petroleras que busquen crédito cada una por su cuenta. Esto en un entorno de altos tipos de interés es clave.

En este último punto coinciden los analistas de EY, liderados por Patrick Jelinek, que comentan que, incluso sin que los precios caigan, el sector del petróleo tiene la gran carta de «un entorno regulatorio más favorable que favorezca la mejora de su eficiencia operativa en 2025″. Según la firma los últimos cinco años se dio «un enfoque continuo en una mayor eficiencia y generación de valor». Algo que «seguirá generando rentabilidad tanto para las partes interesadas como para los accionistas».

La producción se puede estancar, pero no habrá crisis

«Es más, a pesar de que Trump prioriza la reducción de precios, es un firme defensor de la industria estadounidense de combustibles fósiles, y sospechamos que intervendría si la producción de petróleo y gas natural asociado cayera por completo, sobre todo porque este último será clave para lograr el objetivo de aumentar la producción en 3 millones de barriles diarios de equivalente de petróleo. El apoyo podría apuntar a reducir los costos para los productores mediante exenciones arancelarias, exenciones fiscales o una mayor flexibilización de la regulación.

En resumen, nuestra previsión de que el precio del WTI caiga de 68 dólares por barril (pb) a 56 dólares para finales de 2026, con posibles riesgos a la baja, ofrece poco margen para que la producción de petróleo estadounidense aumente en los próximos dos años. Sin embargo, de no producirse un shock de precios, como un cambio importante en la política petrolera saudí, la producción estadounidense en conjunto probablemente también resistirá la presión a la baja», aseguran desde Capital Economics.

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